Blog de Ignacio Simal: opiniones falibles, propias y ajenas, abiertas a la conversación no dogmática.

12 febrero, 2015

En el Dios de Jesús existe un "desequilibrio" a favor del amor

Cuando hablamos de Dios, hablamos a tientas. Y ello a pesar de su manifestación a través de la carne de Jesús de Nazaret. Seguimos conociendo de forma limitada, todavía no vemos a Dios cara a cara, nos enseñará San Pablo (1 Cor. 13:12). De ahí que debamos ser muy cuidadosos a la hora de hablar de Él. Y si lo hacemos, debemos hacerlo con temor y temblor.

Y con temor y temblor afirmo que debemos dejar conducirnos por el criterio del amor, y no por el criterio de la ira y la venganza. No podemos fijar nuestra vista y atención en los textos de la ira, sino en los textos del amor de Dios hacia los hombres y mujeres que pueblan nuestro mundo. Dependiendo de donde pongamos nuestro entendimiento espiritual, así hablaremos de Dios y lo manifestaremos, en su gracia, a través de nuestra vida individual y/o comunitaria.

¡Equilibrio! Nos vocearán algunos. Pero hemos decir que el amor siempre -y digo siempre- debe ahogar la ira. No al contrario. Es algo que recoge, en mi opinión falible,  todo el espíritu que permea las Escrituras. En el Dios de Jesús existe un desequilibrio a favor del amor: "Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Pues no envió Dios a su Hijo para dictar sentencia de condenación contra el mundo, sino para que por medio de él se salve el mundo" (Jn. 3:16-17 BTI).

El texto del profeta Isaías que nos propone hoy el leccionario (Isaías 54:1-10) camina por el derrotero del amor. La voz del profeta es la voz de Dios, y viceversa, cuando escribe: "en un arrebato de cólera te oculté por un momento mi rostro, pero te quiero con amor eterno dice tu redentor, el Señor" (Isa. 54:8 BTI). ¡Dios jura no volver a encolerizarse, ni a apelar a la amenaza! Podemos, debemos indignarnos por el escenario que ofrece nuestro mundo, pero nunca debemos habitar en la indignación constante, sino en la fe que obra a través del amor (Gál. 5:6). No hay otro camino para las personas que pretendemos seguir a Jesús de Nazaret.

Acabo, porque debo finalizar, apelando a la Palabra que nos sale al encuentro a través del texto que afirma de forma categórica: "Aunque se muevan las montañas y se vengan abajo las colinas, mi cariño por ti no menguará, mi alianza de paz se mantendrá dice el Señor, que te quiere" (Isa. 54:10 BTI). Una esperanzadora posdata de la carta escrita en la carne de Jesús, nuestro Mesías, Señor y Maestro. Nada más, ni nada menos.

Soli Deo Gloria

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