Silenci
Hace 30 minutos
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Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Ap. 3:20)Entran en nuestra vida sin pedir permiso. Quieren saber todos los pormenores de nuestra vida, también acerca de nuestros ingresos económicos. Indagan acerca de nuestros pecados. Incluso se atreven a preguntar sobre nuestra vida sexual. Nos dicen lo que debemos hacer y lo que no. Nos fustigan en cuanto tienen ocasión desde un púlpito, sea real o virtual. Y una vez que cándidamente les hemos abierto nuestra vida, nos juzgan y utilizan la información para procurar el control sobre nuestras existencias. Así son algunas personas.
Hay que desmontar el moralismo: una moral de mandatos y prohibiciones, tabúes, reglas, normas y transgresiones. La moral no debe ser de semáforo, rojo o verde, sino de faro o de brújula que señala al norte: guía a quien camina entre incertidumbres. A veces se usan confusamente los términos "criterio", "norma", "principio" o "regla". Usamos aquí “criterio” en sentido distinto de solución ya dada, conclusión o norma fija. Un criterio, como faro que ilumina la llegada al puerto, no es como la función del práctico, que sube a bordo para guiar el barco al puerto. En el primer caso se da una orientación, pero la perona ha de avanzar por sí misma. En el segundo, nos dejamos llevar por quien conoce el camino. Es en el primer sentido, con la comparación del faro, en el que entendemos el criterio moral: actitudes o predisposiciones básicas que orientan a realizar valores y rechazar antivalores. (Masiá Clavel, Juan. ¿Quiebra o reconversión?: la moral teológica en apuros. p. 17)Se puede descargar gratuitamente la obra de Juan Masía Clavel pulsando aquí
