Fotografía: Simal, 2011
10 febrero, 2011
El perdón último de las víctimas
“¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?” (Ap. 6:10). El grito de las víctimas que pide venganza en los que han sido sus verdugos llega a la presencia de Dios. Éste, probablemente, debe reaccionar en consecuencia... a no ser que las víctimas cambien y perdonen a sus verdugos.
¿Quién tiene la última palabra en relación con la eternidad y el reino de Dios que viene? ¿Dios? ¿Las víctimas? ¿O tal vez los verdugos? ¿Puede Dios, de forma unilateral, perdonar a los verdugos dejando de lado a sus víctimas? Ahí se encuentra el nudo gordiano del asunto.
Quisiera señalar dos textos bíblicos que narran la relación víctimas – verdugos y que posibilitan un solución al nudo gordiano que hemos expuesto. El primero tiene que ver con Jesús de Nazaret. El torturado, vejado y asesinado Mesías murió pidiendo el perdón de sus verdugos (Lc. 23:34). No clamó gritando ¡venganza!, sino perdonando incondicionalmente. El segundo texto narra el asesinato del protomártir Esteban. Él también muere perdonando a sus verdugos (Hch. 7:60). En ambos casos se pide a Dios perdón para los verdugos. ¿Cómo responde Dios? ¿Hace caso omiso a la petición de las víctimas..?
Dios, tal como nos mostró Jesús de Nazaret, no es cruel. Es un Dios que desea, sobre todas las cosas, perdonar al ser humano. ¡Cuánto más si las víctimas se lo suplican! El perdón de las víctimas y la gracia de Dios logran la restauración radical de los verdugos mediante la recuperación de su humanidad perdida y volviéndoles en sí.
El targumista hebreo de Isaías escribió: “Entonces saldrán y verán los cadáveres de los hombres pecadores, que se rebelaron contra mi Palabra, ciertamente su espíritu no morirá y su fuego no se extinguirá y los malvados serán sentenciados a la gehenna hasta que los justos digan de ellos: Ya hemos visto bastante” (Tg. Is. 66:24 –Trad. De Josep Ribera Florit-). En la tradición que se recoge en el Targum de Isaías, sin duda, se afirma que la duración del castigo de los verdugos está condicionado a la respuesta de su víctimas (los justos), y éstas dicen, “ya hemos visto bastante”.
Sin duda, la exhortación que la carta a los Efesios expone va en esa dirección cuando leemos que debemos ser “amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo” (Ef. 4:32). Por extensión esa exhortación tiene que ver también con los que son beligerantemente enemigos. Ya Jesús nos enseñó que debemos amarles y desearles el bien (Mt. 5:43ss.). La ira, aunque sea justificada, no obra la justicia de Dios –siempre restauradora- (Stgo. 1:20).
La donación de perdón al que nos hace mal es consustancial al ser cristiano y al carácter de Dios. Y el perdón, acompañado de la gracia de Dios, reitero la idea, logra la recuperación de la humanidad perdida de los verdugos y les vuelve en sí a la manera del “hijo pródigo” (Lc. 15:11ss.). Y ello por toda la eternidad. Probablemente el perdón de Dios es proléptico, anticipo del perdón último de las víctimas hacia los que han sido sus verdugos.
Como escribe el teólogo Jurgen Moltmann: "Es una fuente de gozo infinitamente consolador el saber que los asesinos no triunfarán definitivamente sobre sus víctimas, sino que, durante la eternidad, no seguirán siendo ni siquiera los asesinos de sus víctimas. La doctrina escatológica acerca de la restauración de todas las cosas tiene estas dos facetas: el juicio de Dios que lo endereza todo y el reino de Dios que suscita nueva vida" (La venida de Dios. Sígueme, 2004. Pág. 328). Un juicio de Dios que, añado, atiende al clamor perdonador de las víctimas (a la manera de Jesús o de Esteban) y un reino de Dios que suscita vida en todos los seres humanos, sean éstos victimas o verdugos.
Habrá un día en que veremos, al igual que Esteban, los cielos abiertos y al Hijo del Hombre sentado a la diestra de Dios, y ante esa visión las víctimas clamarán a favor de sus verdugos diciendo “Señor, no les tomes en cuenta su pecado” (Hch. 7:56, 60). Todas las víctimas de la historia están representadas en la actitud arquetípica de Jesús de Nazaret y Esteban. En ese día toda rodilla se doblará tanto “de los que están en el cielo y en la tierra, -como los que están- debajo de la tierra, y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:10-11).
¿Quién tiene la última palabra en relación con la eternidad y el reino de Dios que viene? ¿Dios? ¿Las víctimas? ¿O tal vez los verdugos? ¿Puede Dios, de forma unilateral, perdonar a los verdugos dejando de lado a sus víctimas? Ahí se encuentra el nudo gordiano del asunto.
Quisiera señalar dos textos bíblicos que narran la relación víctimas – verdugos y que posibilitan un solución al nudo gordiano que hemos expuesto. El primero tiene que ver con Jesús de Nazaret. El torturado, vejado y asesinado Mesías murió pidiendo el perdón de sus verdugos (Lc. 23:34). No clamó gritando ¡venganza!, sino perdonando incondicionalmente. El segundo texto narra el asesinato del protomártir Esteban. Él también muere perdonando a sus verdugos (Hch. 7:60). En ambos casos se pide a Dios perdón para los verdugos. ¿Cómo responde Dios? ¿Hace caso omiso a la petición de las víctimas..?
Dios, tal como nos mostró Jesús de Nazaret, no es cruel. Es un Dios que desea, sobre todas las cosas, perdonar al ser humano. ¡Cuánto más si las víctimas se lo suplican! El perdón de las víctimas y la gracia de Dios logran la restauración radical de los verdugos mediante la recuperación de su humanidad perdida y volviéndoles en sí.
El targumista hebreo de Isaías escribió: “Entonces saldrán y verán los cadáveres de los hombres pecadores, que se rebelaron contra mi Palabra, ciertamente su espíritu no morirá y su fuego no se extinguirá y los malvados serán sentenciados a la gehenna hasta que los justos digan de ellos: Ya hemos visto bastante” (Tg. Is. 66:24 –Trad. De Josep Ribera Florit-). En la tradición que se recoge en el Targum de Isaías, sin duda, se afirma que la duración del castigo de los verdugos está condicionado a la respuesta de su víctimas (los justos), y éstas dicen, “ya hemos visto bastante”.
Sin duda, la exhortación que la carta a los Efesios expone va en esa dirección cuando leemos que debemos ser “amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo” (Ef. 4:32). Por extensión esa exhortación tiene que ver también con los que son beligerantemente enemigos. Ya Jesús nos enseñó que debemos amarles y desearles el bien (Mt. 5:43ss.). La ira, aunque sea justificada, no obra la justicia de Dios –siempre restauradora- (Stgo. 1:20).
La donación de perdón al que nos hace mal es consustancial al ser cristiano y al carácter de Dios. Y el perdón, acompañado de la gracia de Dios, reitero la idea, logra la recuperación de la humanidad perdida de los verdugos y les vuelve en sí a la manera del “hijo pródigo” (Lc. 15:11ss.). Y ello por toda la eternidad. Probablemente el perdón de Dios es proléptico, anticipo del perdón último de las víctimas hacia los que han sido sus verdugos.
Como escribe el teólogo Jurgen Moltmann: "Es una fuente de gozo infinitamente consolador el saber que los asesinos no triunfarán definitivamente sobre sus víctimas, sino que, durante la eternidad, no seguirán siendo ni siquiera los asesinos de sus víctimas. La doctrina escatológica acerca de la restauración de todas las cosas tiene estas dos facetas: el juicio de Dios que lo endereza todo y el reino de Dios que suscita nueva vida" (La venida de Dios. Sígueme, 2004. Pág. 328). Un juicio de Dios que, añado, atiende al clamor perdonador de las víctimas (a la manera de Jesús o de Esteban) y un reino de Dios que suscita vida en todos los seres humanos, sean éstos victimas o verdugos.
Habrá un día en que veremos, al igual que Esteban, los cielos abiertos y al Hijo del Hombre sentado a la diestra de Dios, y ante esa visión las víctimas clamarán a favor de sus verdugos diciendo “Señor, no les tomes en cuenta su pecado” (Hch. 7:56, 60). Todas las víctimas de la historia están representadas en la actitud arquetípica de Jesús de Nazaret y Esteban. En ese día toda rodilla se doblará tanto “de los que están en el cielo y en la tierra, -como los que están- debajo de la tierra, y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:10-11).
02 diciembre, 2010
Biblia, historias de terror e infancia
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| Holocausto |
“Vi un ángel que estaba de pie en el sol, y clamó a gran voz diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: «¡Venid y congregaos a la gran cena de Dios! Para que comáis carnes de reyes y capitanes y carnes de fuertes; carnes de caballos y de sus jinetes; carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes” (Apo. 19:17,18), escribió hace siglos el vidente de Patmos.
El apocalíptico Juan describe en su texto, entre otras descripciones, una escena dantesca y macabra a la que denomina “la cena de Dios”. Las aves del cielo desgarran las carnes de los muertos en el campo de batalla. “Dios ha vengado la muerte de sus siervos”, escribirá (Apo. 19:2). Ante tal escena y comprensión del actuar divino, ¿qué podemos decir?
No quiero guardar silencio ante las “historias” de terror que en muchas ocasiones describe la Biblia. Sí, son imágenes que responden a otros parámetros culturales y teológicos, pero ello no evita que produzcan en mi, y en muchos cristianos, una cierta desazón y, por qué no decirlo, cierta repugnancia. No reflejan al Dios que se manifestó a través de la buena noticia que anunció Jesús de Nazaret, Dios hecho carne.
Mi preocupación ante esos textos de terror es motivada, no por la lectura que un adulto, bien formado, pueda hacer de los mismos. Sino de la lectura que un niño, un preadolescente o un adolescente pueda realizar de los textos de violencia y terror que encontramos en las Escrituras. Me preocupa todavía más el acompañamiento teológico-pedagógico que los docentes de nuestras escuelas dominicales puedan llevar a cabo con nuestros niños a la hora de abordar textos dantescos como el que acabo de presentar. Historias de terror y muerte que se inician ya en el primer libro del Pentateuco, cuando se explica cómo toda la humanidad, excepto una familia, es muerta a manos de un diluvio originado en la voluntad de Dios.
No deseo que nuestros hijos e hijas crezcan con una visión de un Dios con sus manos o sus vestidos empapados en sangre. Más bien deseo que crezcan con un entendimiento de Dios como aquel que “hecho carne”, habitó entre nosotros, y como resultado de su praxis y mensaje, lo asesinaron. Sin embargo, Él, murió orando e implorando el perdón para aquellos que le habían torturado hasta la muerte.
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| Hiroshima |
La comprensión que de Dios se explica en la Biblia hebrea queda superada por la Palabra de Dios encarnada en Jesucristo. Y al igual que no mostraríamos fotografías como la que encabeza esta columna o este párrafo a los niños de nuestras escuelas dominicales, tampoco es conveniente mostrarles escenas bíblicas que hasta a nosotros nos incomodan. No quiero que nuestros niños y niñas crezcan en la creencia de un Dios terrorífico, y en ocasiones cruel, que a las primeras de cambio decide, o decidirá en el futuro, eliminar a la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. Muy al contrario, deseo que conozcan a un Dios amante de la libertad de los seres humanos, que quiere que éstos sean felices desde un horizonte solidario y fraterno, y que es eminentemente comprensivo y perdonador como podemos observar en las acciones y palabras de Jesús, nuestro Señor.
Debemos enseñarles que los seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret no estamos a la espera de venganzas varias, sino de la redención de la humanidad en dirección a habitar en un mundo nuevo, donde “el lobo habitará con el cordero, …y un niño los pastoreará” (Is. 11).
23 agosto, 2010
La cita: "Hay que desmontar el moralismo" (Juan Masiá Clavel)
Hay que desmontar el moralismo: una moral de mandatos y prohibiciones, tabúes, reglas, normas y transgresiones. La moral no debe ser de semáforo, rojo o verde, sino de faro o de brújula que señala al norte: guía a quien camina entre incertidumbres. A veces se usan confusamente los términos "criterio", "norma", "principio" o "regla". Usamos aquí “criterio” en sentido distinto de solución ya dada, conclusión o norma fija. Un criterio, como faro que ilumina la llegada al puerto, no es como la función del práctico, que sube a bordo para guiar el barco al puerto. En el primer caso se da una orientación, pero la perona ha de avanzar por sí misma. En el segundo, nos dejamos llevar por quien conoce el camino. Es en el primer sentido, con la comparación del faro, en el que entendemos el criterio moral: actitudes o predisposiciones básicas que orientan a realizar valores y rechazar antivalores. (Masiá Clavel, Juan. ¿Quiebra o reconversión?: la moral teológica en apuros. p. 17)Se puede descargar gratuitamente la obra de Juan Masía Clavel pulsando aquí
22 agosto, 2010
15 agosto, 2010
La formación bíblico - teológica: ¿necesaria?
Texto preparado para un grupo de trabajo sobre la necesidad de la formación teológica (Barcelona, 1997)
0. Introducción
0.0 La situación eclesial no ha cambiado mucho desde los primeros siglos de la era cristiana
Que nuestra situación eclesial no ha cambiado mucho cuando la comparamos con la situación de las iglesias de los primeros siglos es indiscutible. Si no, leamos lo que escribió Nilo de Ancira entre los siglos IV y V de nuestra era:
"Todas las artes requieren tiempo y mucho adiestramiento para su correcto ejercicio; sólo se menosprecia el aprendizaje del arte de las artes. Porque nadie se atreve a ejercer la agricultura si es un inexperto en la materia y nadie se aplica al arte de la medicina sin antes haber sido iniciado. Este se ganaría el reproche de todos por no estar capacitado para prestar su asistencia a los enfermos más graves, y aquél por convertir una tierra de óptima calidad en suelo árido y estéril. Sólo cuando se trata del culto divino se tiene la osadía de inmiscuirse, sin experiencia y sin guía, en este asunto como si fuese la cosa más natural del mundo. Por eso la mayoría de la gente cree fácil lo que es más difícil de lograr porque exige el mayor esfuerzo, la perfección que Pablo dice no haber alcanzado aún" (Nilo de Ancira, siglos IV-V).
02 agosto, 2010
"Todos sois uno en Cristo" (LXVI Sínodo General IEE. Cartagena, 1995)
Hace quince años (1995) fui invitado a dar la ponencia del LXVI Sínodo General de la Iglesia Evangélica Española celebrado en Cartagena bajo el lema "Todos sois uno en Cristo" (Gálatas 3: 27-28). Y es ahora cuando me apetece publicarla entre mis "opiniones falibles". Lo publicó tal y como lo expuse, excepto en un punto que creo conveniente ampliar con una nota entre paréntesis. Respecto del resto de la ponencia, hoy, haría algunas matizaciones aunque nos las considero de especial relevancia.
Epero que la leas y escribas los correspondientes comentarios.
ESQUEMA Þ Introducción ¨ “Todos sois unos en Cristo” y realidad eclesial ¨ La unidad brotará de una realidad socioeclesial nueva ¨ Espacios “montaña” de libertad mesiánica Þ El proyecto paulino: creación de espacios “montaña” de libertad mesiánica ¨ Unidad de la Iglesia y pensamiento paulino ¨ Espacio “montaña” de libertad mesiánica y realidad social ¨ Características sociales de los espacios “montaña” de libertad mesiánica ¨ Propósito de los espacios “montaña” de libertad mesiánica Þ Obstáculos con los que se enfrentan los espacios “montaña” de libertad mesiánica ¨ Xenofobia, racismo y realidad socioeclesial ¨ Sexismo y realidad socioeclesial ¨ Clasismo socioeconómico y realidad socioeclesial Þ Conclusión ¨ Necesidad de una reflexión eclesiológica ¨ Construcción de la Iglesia y garantía de éxito |
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eclesiología,
Iglesia Evangélica Española,
sínodo
26 julio, 2010
El sentido de la Biblia: una cita de Walter Brueggemann
"...El sentido de la Biblia a menudo se tergiversa cuando se toma por un libro de respuestas o una tabla de salvamento, lo cual queda patente sobre todo cuando se tratan las Escrituras como una pata de conejo o como una reliquia sagrada sobre la cual se hacen juramentos. Lo mismo sucede sin embargo cuando se recurre a ellas para resolver dilemas morales o en tantyo que manual de buena conducta. Este tipo de aproximaciones atribuyen a la Biblia una especie de carácter absoluto y estático que da por hecho que lo conveniente es invariable. Sucede lo mismo cuando se concibe la Biblia como un compendio de doctrina correcta en la cual solo hay que <
20 julio, 2010
La homosexualidad en el mundo antiguo según Römer y Bonjour
"Oikodomein", la revista de la Comunidad Teológica de México, publicaba en el año 2007 el libro de Thomas Römer y Loyse Bonjour, "La homosexualidad en el cercano Oriente antiguo y la Biblia". Un libro de imposible adquisición en España. A propósito del libro el teólogo mexicano Leopoldo Cervantes-Ortiz escribía en Lupa Protestante el artículo que a continuación transcribo en mi blog:
Etiquetas:
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