En mi mente se mezclan recuerdos infantiles tintados de colores apocalípticos. Tenía seis años. Vivía en Zaragoza. Corrían los años 1960 - 1961. Durante esos años muchas cosas ocurrieron que mi pensamiento infantil distorsionó, o tal vez no, hasta límites surrealistas.
Ahora ya, arrastrando unos “pocos” años más, trato de poner orden en mis recuerdos y en sus repercusiones sobre mi conciencia. En 1960 hice mi primera comunión y tuve que afrontar mi primera confesión ante un sacerdote. Me preguntó si cometía “actos impuros”, si me tocaba. A continuación me preguntó si lo hacía sólo o en compañía. ¡Cuánto interés en el comportamiento de un niño de seis años! Eso se dio en el contexto de una educación religiosa donde se me narraban las horrendas penas físicas a las que me sometería “Pedro Botero” en el infierno si me portaba mal. ¡Por Dios! ¡Tenía seis años!
También coincidió que durante esos años teníamos un vecino adventista con el que mi padre sostenía una cierta amistad. El hombre, del que sólo recuerdo que tenía bigote, bajaba a casa y hablaba con mi padre, Biblia en mano, del final del mundo. A principios de 1961, el río que baña Zaragoza, experimentó una crecida descomunal. Vamos lo que llamamos una riada. Todavía recuerdo cuando, regresando de casa de mis tíos, atravesamos el puente de Piedra… la escena del río desbordado me impresionó. Llegó a ser tema de conversación entre los niños en la escuela a que asistía.
Posteriormente el tema de conversación, en el contexto del final del mundo que discutían mi padre y el vecino adventista , surgió el tema de la matanza de los colonizadores blancos por parte de los negros del Congo. De tal manera que llegué a pensar que el fin del mundo, sin duda, lo traerían los negros. Éstos invadirían España y nos asesinarían a todos los blancos.
Tenía que encontrar una solución lo antes posible. El fin del mundo se acercaba de mano de un Ebro desbordado, de unos negros y encima, yo, por “tocarme”, amenazado con las penas del infierno. Menos mal que Brigitte Bardot y Sofía Loren acudieron en mi ayuda.
Bardot y Loren, entre discusiones sobre el fin del mundo, también eran tema de conversación de mis mayores. Eran guapísimas y además obsequiaban la vista con sus esculturales cuerpos. Ellas, sin duda, irían al infierno por ser “malas”, por suscitar malos pensamientos y quién sabe si malas acciones. Ellas me dieron la solución a todos mis “problemas” infantiles y no sólo a mi, sino a todos mis amigos de escuela –una escuela de monjas-.
Si el río Ebro inundaba Zaragoza, tomaríamos una barca y nos salvaríamos. Eso sí, discutíamos a quién íbamos a subir a nuestra barca. Brigitte y Sofía eran las primeras ¡! Si iba al infierno, tampoco me importaba, y así lo hice saber a mis compañeros, ya que la Bardot y la Loren seguro que estarían en el Averno. Cosa que agradó a mis amigos. Ellas serían mis salvadoras en el infierno y yo su salvador en la riada que sumergiría Zaragoza entera.
¡Ah! Se me olvidaba contaros que del fin del mundo, traído por los “negros” del Congo, también me salvaría tintándome el rostro con betún negro, faltaría más.
Brigitte Bardot, Sofía Loren y una lata de betún, gracias a Dios, hicieron mi vida infantil más relajada ante las expectativas tan sombrías que el fin del mundo y el infierno que mis mayores me presentaban.
Por todo ello quiero advertir a mis lectores que si alguno enturbia hasta el terror la tierna conciencia de un niño, me veré obligado a invocar los nombres de Bardot y Loren para que tomen venganza y hagan más llevadera la vida de los pequeños. Tal vez también invoque a la Monroe…



La Brigitte, la Sofia, la Monroe... y no te olvides de la Anita (Ekberg) en la Fontana de Trevi, aunque tuvimos que contentarnos con las fotos que los hermanos de nuestros amigos podían traer de Francia. Nadie hizo más adeptos al infierno que los "defensores" de la moral y del honor de Dios. ¿Con quién querrías pasar la eternidad?. Si al cielo irían el profesor de religión del cole (y eso que mi cole era "laico"), junto con D. José (el temido Director, con su colección de "palmetas" de todos los calibres) y, además, nos aseguraban que también allí veríamos a Franco y el resto de los "paters" de la patria, y en al infierno irían Brigitte, Sofía, Anita... y Marx, y el Che, y... la decisión era clara. ¡No hay color!
ResponderSuprimir¡¡Que excelente texto!! Me he divertido mucho leyéndolo =)
ResponderSuprimirGracias por comentar. Aunque mi familia ya conoce la historia, cuando se la leía, no parábamos de reir.
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